CAPITULO 2
Todo se
congeló y ocurrió muy lento. Mi mirada se cruzó con una color miel, que estaba
desde arriba del escenario. Me quedé embobada. Podía sentir mi corazón en mi cabeza, que
latía tan fuertemente que me hacía daño. Nuevamente, esa sensación que no había
sentido en años, una herida en el pecho, esa herida, que creía que se había
cerrado completamente para no abrirse nunca más, me escocía. Mi vista se volvió
borrosa, pero aún así, podía distinguir a ese chico que yo muy bien conocía o
conocí alguna vez. Tenía los ojos abiertos como dos platos al igual que su
boca. Sostenía un micrófono en la mano derecha, el cual estaba inmóvil cerca de
su boca. Me estaba mirando.Esos ojos color miel se clavaban en mi.
Retrocedí un paso, tambaleándome. Por mas que lo intentaba, no
conseguía que el aire entrase en mis pulmones, me estaba desesperando. Choqué con
alguien. Era Bianca. Comenzó a gritarme todo tipo de insultos, pero simplemente
no la oí, solo estaba preocupada de verlo a él… no lo había visto hacía tres
años. Había cambiado… ahora su cabello era largo, y lo llevaba en punta como un
puercoespín, también estaba mas alto y delgado. Seguía conservando su original
estilo que me atraía y me hacía perder la cabeza.
Entonces avanzó un paso, mientras yo retrocedía… y desde allí, todo
ocurrió muy rápido. Alguien me cogió del brazo fuertemente y me sacó a
arrastras del lugar bajo la mirada de todos esos curioso, pero la mas
importante, la mirada de Bill.
Al salir pude ver quien me había sacado, era Lis. Ella debía haber
tenido el mismo rostro que yo... había visto a Tom. Se acercó a mí y me abrazó,
de verdad lo necesitaba, necesitaba un abrazo, segundos después se separó de mí
y con la cara llena de preocupación me preguntó:
-¿Cómo te sientes?
-Bien – mentí. Me sentía terrible, lo único que quería en ese momento
era echarme a llorar.
-Bien... – pensó un momento. - ¿quieres que te acompañe de vuelta a tu
casa? – yo negué con la cabeza.
-No, quiero ir andando… necesito pensar un poco. Regresa a la fiesta ¿ok?
– dije intentando sonar lo mas convencida y natural posible. Ella asintió.
-Llámame cuando llegues. – me sonrió
-Lo aré, adios– Lis caminó hacia la entrada, se volvió varias veces
para comprobar que realmente estaba bien, pero yo le devolvía la mirada con una
sonrisa.
En cuanto entró me sentí fatal. Estaba sola.
Caminé hacia la derecha, esquivando a un niño que comía un helado
felizmente tomado de la mano de su madre quien lo jalaba de la mano y caminaba
apresurada con algunas bolsas. Por un momento lo envidié… pero luego me consolé
sola, había visto a Bill, eso era bueno, creo.
Seguí caminando, intentando de alguna manera, que ninguna lágrima
saliera de mis ojos, no podía llorar allí. No era justo. Cuando creía que ya
había superado todo lo de Bill, él regresaba. Siempre he sido el tipo de chica
que vive por el resto, y si me abandonan yo muero. Bill me dejó sola y morí,
resucité, volvió, lo ví... y vuelvo a morir nuevamente.
Me mordí el labio inferior para reprimir un sollozo, las lágrimas ya
comenzaban a brotar de mis ojos a montones. Los recuerdos que había enterrado
hacía ya dos años habían vuelto a mi mente, no podía evitar recordarlo.
El pecho me dolía. Lo único que quería era llegar a casa, pero no, no
podía ir a casa. De una u otra maneta vería a Bill, que después de todo, su
madre seguía viviendo en la casa de enfrente. Me decidí en ir al parque en el
que había quedado con Lis horas antes y… también Bill años antes.
Caminé hacia la pequeña fuente que había en el centro del parque y me
senté en el borde. Miré mi reflejo en el agua. Dios, estaba horrible. Tenía los
ojos rojos y contrastaban con el verde. Se veía horrible. También estaban
hinchados. Mis mejillas estaban llenas de maquillaje negro corrido, estaba echa
un monstruo.
De pronto sentí que alguien se sentaba al lado mío silenciosamente…
luego suspiró y finalmente me habló:
-Hola.
Levanté la cabeza. ¡Era él!
Allí estaba, a treinta centímetros de mí, sabía lo que vendría ahora...
la vergüenza. Vergüenza por lo que pasó hace años, porque él, un chico famoso,
una celebridad era mi novio, y no habíamos hablado en años. Vergüenza también,
por el aspecto que tenía, no estaba muy presentable que digamos con los pelos y
los ojos que llevaba. Seguramente se asustaba y salía corriendo... o bien decía
que se equivocó de chica, qué se yo.
Abrí la boca para decir algo, pero las palabras no me salían, quería
decirle que le seguía queriendo igual que antes, y que nunca lo había podido
olvidar, que no había besado a ningún chico desde que él se fue, porque nunca
cortamos, el seguía siendo mi novio en teoría, y yo le seguía siendo fiel.
Me rendí, no podía hablar. Me mordí el labio inferior y bajé la mirada.
-¿Cómo estás? – esa voz dulce, suave y delicada, sonaba para mi, para
mis oídos, esa voz, que alguna vez fue la de un niño, ahora sonaba como la de
un chico mayor… era la voz mas hermosa, la que yo había escuchado en mis
mejores sueños y en mis pesadillas.
-B...bien – respondí con un hilo de voz.
-No lo parece, ¿quieres que te lleve a casa, Aly? – había dicho mi
nombre, no me lo creía… hacía ya mucho tiempo que no escuchaba mi nombre dicho
de aquella manera y con aquella voz. Sonreí.
-No, yo iré sola… a demás no quiero irme todavía porque… – dije
levantándome, él igual se levantó.
-Vine para llevarte a casa porque acabamos de terminar con lo de la
fiesta. – yo asentí. – vamos a mi coche.
Él comenzó a caminar hacia un coche muy bonito aparcado a un lado del
parque. Yo le seguí silenciosamente.
Me abrió la puerta del copiloto y me hizo entrar, luego rodeó el auto y
se sentó en el asiento del conductor. Resopló y encendió el motor para darle
marcha al auto e ir hacia mi casa.
-¿Y cómo te ha ido? – preguntó para romper aquel silencio.
-Bien, creo.
-¿Crees?
-Quiero decir… han pasado muchas cosas en todo este tiempo. Quizás tenga
que ponerte al día sobre algunos temas.- lo miré, estaba mirando hacia
adelante.
-Si, quizás deveríamos tener alguna conversación.
-Ajam... – fue lo único que logré responder.
-¿Te apetece ir a dar una vuelta? – dijo mirándome con interés.
-No creo que a esta hora sea lo más adecuado– vale, me estaba
comportando como una niña. La verdad es que me daban muchos nervios hablar con
él.
-Tienes razón-Asintió-tenía ganas de que pudiésemos hablar.
-También yo-Mentí.
-¿Y cómo está tu familia, tu hermana?-Preguntó después de un rato.
-Bien, en América del sur con mi madre.
-¿Otra vez de viaje?-Oh, recordaba los viajes de mis pades, que lindo.
-Divorcio.
-Lo siento.
-No es nada, nadie se muere por eso-Me encogí de hombros.
-Si…
-¿Y tú como has estado, cómo está Tom?-Le pregunté esta vez yo.
-Bien. Si, debemos ponernos al tanto el uno al otro en uno de estos
días. Y supongo que podrás ver a Tom dentro de poco.
El coche se detuve frente a mi
casa y a la de Simone, por supuesto.
Suspiré.
-Un gusto verte de nuevo, Bill.-Le sonreí y me acerqué para besarlo en
la mejilla.
-También. Insisto en que podríamos hablar alguno de estos días.-Asentí.
-Luego vemos eso.
-De acuerdo.
-Adiós.
-Adiós.
Me bajé del coche, cerré la puera y me apresuré en entrar a mi casa.
Cerré la puerta, guardé la llave en mi bolsillo y subí las escaleras a
toda velocidad para encerrarme en mi habitación.

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