15 julio, 2012

1000 Meere /Capítulo 3






CAPITULO 3


Estaba atrasada, como no me apurara llegaría tarde a clases y tendría la suspensión por atrasos a demás del castigo que mi madre me daría. Apuré el paso mientras sentía que cada vez me costaba más caminar rápido. Tenía tanto frío que mi cuerpo tendía a recogerse. Quería acostarme, acurrucarme con el calor de mi cama e invernar durante toda la época de frío.
Llegué al salón justo a tiempo. Caminé hacia mi asiento de siempre, el último de atrás del lado de la ventana. Dejé mis cosas a un lado y me senté. Justo en ese momento entró el profesor haciendo callar a todo el mundo. Me recosté en el asiento haciendo caso omiso a sus palabras. Me crucé de brazos y cerré los ojos…
El resto de las clases se me hicieron eternas, encima mi mejor amigo estaba ausente… aunque no estuvo tan mal después de todo ya que había estado conversando con los chicos todo el tiempo; y no había hecho ni siquiera una línea en el cuaderno.
Salí con la cabeza alta. Había sobrevivido. Al menos hoy. Estaba segurísima que algún día me daría algo a la cabeza, como siquiera yendo a la escuela…
Aún hacía frío. Y unas pequeñas gotas se pegaban a mi cara y a mi cabello. No había traído dinero para un autobús por lo que me vi obligada a caminar bajo la lluvia. Genial. Llegaría mojada a mi casa.
Comencé a correr… después de todo, eran alrededor de diez minutos caminando y si corría mucho mejor.
Me detuve cuando comencé a cansarme.

De pronto oí un silbido proveniente de algún lugar de la calle. Miré a todos lados, buscando a alguien por allí cerca, y no era alguien, si no que “alguienes”. Si, eran alrededor de ocho o así. Estaban apoyados en la pared de un bar. Se veían algo ebrios… eran unos jóvenes alcoholizados. Soltaron unas carcajadas y me comenzaron a gritar cosas en cuanto los miré.
Sentí pánico. No había nadie más en aquella calle. Encima era invierno y el cielo estaba oscuro producto de las nubes de lluvia.
Puse la peor cara que tenía y los miré amenazante. Ellos siguieron con sus bromas y gritos incoherentes que me hacían temblar de miedo. Levanté una mano y les enseñé el dedo del corazón, o el “dedo mágico”, como yo solía decirle. Ellos soltaron un “ooh” en el momento que uno comenzaba a avanzar tambaleante. Estaba segura de que no me alcanzarían, aunque… quizás alguno podría haber estado “en mejor forma”. Miré a todos lados de la calle buscando a alguien, pero nada. Comencé a trotar y luego a correr sin mirar atrás.
Los perdí. Ya no escuchaba sus gritos, ni nada por el estilo. Estaba a una cuadra de mi casa, cuando choqué con alguien tan fuertemente que reboté y caí hacia atrás. Bueno, habría caído de no ser porque alguien me sujetó de los hombros. Abrí los ojos como platos. Que susto que me había llevado.
Ten más cuidado escuché una voz grave. Miré sus manos posadas en mis hombros y luego lo miré a él.
Oh, sí, lo siento. ¿Te hice daño?lo estudié con la mirada, pero no podía ver mucho a través de esas grandes ropas.
No te preocupes. Pero para la otra caminas o ves por dónde vas dijo Tom divertido. Luego soltó mis hombros y me sonrió. Yo me limité a bajar la mirada y a seguir caminando el resto de trayecto que me quedaba.
Llegué a la puerta de mi casa unos minutos después.
Enseguida me di cuenta de algo. Algo malo.
No tenía llaves. Típico de mí. Y encima hoy mi madre no estaría en casa para abrirme la puerta. Genial… esta vez me había tocado con lluvia y todo. ¿O es que me van a decir que yo no tenía la peor suerte del mundo?
Dejé caer mi cabeza hacia adelante, golpeándome la frente con la puerta. ¿Por qué soy taaaaan estúpida? Se me olvida todo, dios.
Podía sentir como las gotas caían en mi cabeza y goteaban de mi cabello. Llegando algunas a mi cara y mojándola.
Completamente incómoda… así era como me sentía. Me di la vuelta y miré a todos lados de la calle, no había nadie. Apoyé mi espalda en la puerta y me quité la mochila con brusquedad. La arrojé a un lado y seguidamente me dejé caer con fuerza hacia el piso. Me cubrí la cabeza con las manos, dejando mi frente apoyada en mis rodillas. Suspiré.
Alguna idea… idea… necesitaba una idea.
La ventana de… no, todas las del piso de abajo estaban cerradas.
La puerta de atrás… no, no podría saltar el cerco, soy demasiado pequeña.
Bueno… ya no quedaban mas ideas. Eso era todo. Mi mente era un espacio muy reducido.
¿Meer?escuché mi nombre desde muy cerca… seguidamente sentí como posaban una mano sobre mi hombro. Me asusté un poco, por lo que pegué un bote y levanté la cabeza en menos de medio segundo. Por alguna razón desconocida, mi corazón había empezado a latir demasiado fuerte para mi gusto ¿Estás bien? me preguntó.
Yo... si dije nerviosa ¿Y quién no lo estaría si estaba en mi posición? Él estaba agachado a unos centímetros de mí y dios, qué vergüenza, creo que comenzaba a enrojecer y a parecerme a un tomate.
Pensé que… suspiró ¿Qué haces aquí?
Es mi casa contesté apartando la vista.
Aquí afuera. Está lloviendo. tragué saliva y luego respondí algo cortada.
Dejé las llaves. me sentí una completa idiota al decir eso. Bill resopló y luego se levantó.
¿No quieres quedarte en mi casa hasta que llegue tu madre? volví a mirarlo. Fruncí el ceño mientras pensaba en que no estaría bien. Pero tenía frío y…
No, no te preocupes. Seguro no tarda en llegar.
Vamos, ven. No te haré nada malo. dijo divertido. Yo alcé una ceja y enseguida él se agachó y cogió mi mochila ¿vienes? se volteó y comenzó a caminar mientras seguía con la cabeza vuelta hacia mí sonriéndome con un aire malicioso. Yo me levanté con un poco de torpeza y corrí hasta alcanzarlo.
¡Dame eso! cogí la mochila e intenté quitársela. Pero no pude. Él era mucho más fuerte que yo, eso era seguro. Con tan sólo ver su tamaño y el mío…
Te enfermarás como sigas afuera, vamos. dijo riendo. Tiró de la mochila y la dejó a un constado de su cuerpo, sujetado con una mano, mientras que con la otra me acercó a él y me abrazó por la espalda. estás temblando. sí, eso era seguro… pero lo que no sabía era si estaba temblando de frío o por el hecho de que él estuviese tan cerca de mí. ¿tienes mucho frío?
Eh…
Aquí dentro está calentito. me dijo con una sonrisa, mientras abría la puerta de su casa y la empujaba. Pasó por la puerta, pasando a la vez conmigo y luego la cerró a mis espaldas. ¿quieres comer algo caliente? ¿O quieres ropa… seca? no respondí. Él no se molestó en esperar mi respuesta y se dirigido rápidamente hacia las escaleras. siéntate en el sillón, ya vuelvo con ropa seca.
Vi como desaparecía y sentí un par de pasos en el piso de arriba… estaba todo en silencio. Creo que nadie mas estaba en aquella casa… lo único que interrumpía ese silencio casi perfecto, eran las gotas de lluvia que se sentían resonar contra los vidrios. Me encantaba ese sonido. Aunque no era muy agradable escucharlo cuando uno estaba que se moría de frío o hipotermia o algo así, que se yo.
Apreté la mandíbula para que mis dientes dejasen de castañear y me dediqué a observar aquella casa. Era muy bonita. Tenía cosas mucho más finas y costosas que la mía. Las paredes estaba pintada en un color crema y le daba un toque más elegante a ese lugar, combinado con unas cortinas color mostaza. Había una repisa llena de cuadros con fotos. Entrecerré los ojos para intentar ver mejor, pero sólo pude distinguir siluetas ya que estaban bastante lejos.
Sentí pasos en la escalera nuevamente y dirigí mi mirada hacia allí. Bill venía bajando con algo entre las manos.
A ver si esto te sirve. se acercó a mí y me dio ese muño de ropa. Yo lo cogí y luego le sonreí.
Gracias ¿dónde me cambio?
¿No vas a ver qué es lo que te traje? me encogí de hombros. La verdad es que no me importaba, solo quería estar seca Ve al baño… tu sabes dónde está, ¿no?
Ah… si.dije al recordar que nuestras casas eran iguales. Me levanté del sillón y comencé a caminar.Gracias. – él simplemente me sonrió.
Para eso están los vecinos, ¿no?. solté una risita y asentí con la cabeza. espero que te quede bien la ropa, que como eres tan chiquita… me paré en seco.
¡Hey! me volteé a mirarlo. ¡no soy chiquita! me quejé.
Para mí si lo eres. rió. Yo lo fulminé con la mirada.
No creo que sea para tanto.
¿Ah, no? ¿Qué edad tienes, pequeñita? – Puso énfasis en la última palabra, eso me molestó.
Catorce ¿y tú? a él se le congeló la expresión, y se quedó callado unos segundos.
Pues…

1 comentario:

  1. volviste xD que bueno, esta fick es de mis favoritas y la segunda parte narrada por Bill

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